miércoles, 26 de marzo de 2014

Capítulo 16. A diez centímetros.



Mañana, toalla y biquini ¿quieres?

¿Qué? ” Le contesté. No tenía ni idea de que quería decir con eso.

Mañana, toalla y biquini ¿quieres?

Jajaja vale Harry

Mañana te recojo, un beso

 Ese fue su último mensaje…
 -- -- -- -- --  -- -- -- -- -- -- -- 

I’m worse at what I do best
And for this gift I feel bleesed

Estiré el cargador del móvil desde el sofá para atraerlo hacia mí. Por lo visto,  quien sea que me está llamando, debía de ser algo importante por su insistencia.

Enma: ¿Vas  a cogerlo? – preguntó silenciando la tele.
Iris: - Me levanté- em… sí, lo siento-  Enma me sonrió plácidamente esperando mi contestación a esa cansina llamada.

***: ¿Iris? – entonces la reconocí, reconocí su voz. Siempre lo había hecho.
Iris: Emmm…. – noté el calor subir por mi cuerpo y al parecer Enma también, quien me miraba preocupada.
***: ¿Estás ahí? – insistió.
Iris: - no sabía si contestarle o no – ¡Sí! – Chillé para que no colgase - ¿Qué tal Mario?
Mario: Jajaja te daba por perdida – rió. Adoraba su manera de reír – Aunque bueno, ya veo que mi chica no ha tenido cinco minutos para mí en un mes y medio eh.
Iris: eemm… - me había quedado cortadísima, no sabía que decir, tampoco sabía si hablar con él sería la mejor opción - ¡No tonto! He estado muy ocupada… - mi cara ardía de calor por mentir y por escucharle.
Mario: Ya, ya… - vaciló – no hace falta que me lo digas, soy yo el que se encarga de esconderle a tu madre las fotos donde apareces.
Iris: ¿Mi madre? ¿Qué fotos? – no entendía.
Mario: Sí, sí… ese tal… ¿se llama Harry? Sí, ese. Que aquí ya te conoce todo el mundo Iris; Internet, prensa, televisión… No se os da bien ocultaros... jajaja – pero su risa no será una risa de gozo, por así decirlo, estaba nervioso y yo también.
Iris: -ignoré su comentario – Joder, muchas gracias Mario, si mi madre se llega a enterar….
Mario: ¿Y qué pasó cuando yo me enteré? –cortó.

Silencio…

Más silencio…
...

Suspiré tragándome todo lo que pudiese pasarse por mi cabeza en aquel momento.

Enma: - me ofreció un vaso de agua - ¿Pasa algo? ¿va todo bien?
Iris: Sí, sí Enma, todo perfecto, no te preocupes – le fingí una de mis mejores falsas sonrisas y subí al cuarto con el móvil pegado en la oreja.
Mario: Me llamo Mario, no Enma – bromeó.
Iris: Imbécil – sabía que no podría contestarle a lo que me había preguntado, así que, como siempre ha hecho, bromeó para cortar el marrón.
Mario: Bueno, tu madre dice que le llames más, y… por cierto – animó su tono de voz – en dos semanitas te veo ¿no?
Iris: … si – ¡DOS SEMANAS!
Mario: Oye, no sé qué te pasa, pero te he llamado porque me hacía ilusión hablar contigo, pero si no puedes o no quieres, dímelo ¿vale?
Iris: No, no –volví a la realidad - ¿Estás seguro que son dos semanas?
Mario: Sí, tu madre me dijo ayer que te estaba mirando la beca para comenzar  la carrera en un mes.
Iris: Todo va muy rápido Mario… - me sinceré.
Mario: ¿y tú qué quieres? ¿Pensabas qué esto te iba a durar para siempre?

Sus palabras sonaron frías, pero tenía toda la razón del mundo, yo no sé en qué estoy pensando. Harry famoso, yo estudiante. Él Inglaterra, Yo España. Esto no podía salir bien ni nos llevaba a ningún lado.

Mario: Bueno pequeña, nos vemos pronto. No me hagas ir a por ti eh – bromeó. Otra vez. O eso espero – te echo de menos.
Iris: calla Mario – reí – yo también te echo de menos. Quiero verte pronto, un beso – dije sinceramente y colgué rápido el teléfono.

Descansé tumbándome en la cama y pensando todo.

Todo lo que había vivido, todos los momentos, todas las cosas que había pasado y las que quedaban por pasar.

I’m worse at what I do best
And for this gift I feel bleesed ” 
      
Ignoré el móvil porque sé que si vuelvo a hablar con él, terminaré echándole de menos. Y mucho.

Lo dicho, que espero no aparecer por allí a secuestrarte”.

Que no bobo, a mi me tienes allí en seguida, que te quiero mucho.” le contesté por whatsapp.

Le dije eso aunque fuese una de las cosas que más me doliese en esos momentos. Perder todo lo que había ganado.

Te quiero pequeña, no lo olvides

No le contesté, no puedo contestarle a eso. Harry no se merece que le conteste a eso.
Me dormí con ese dulce y  bonito mensaje de Mario. Tenía que reponer fuerzas para mañana. No sé que se le habrá pasado ahora por la cabeza a este chico. Bikini y toalla… a saber.

Me desperté, me duché y me puse esto con el bikini debajo.



 Despedí a Enma y esperé en el jardín a que Harry me recogiese.

Obviamente, Enma ya no me miraba igual desde que su hija se ha quedado soltera por mi culpa. Una lástima.

En cuestión de minutos, apareció Harry en su coche y gafas de sol ( que le quedaban…asdfgh) Bajó y me besó.



Harry: ¿vamos? –me cogió la bolsa con las toallas.
Iris: -reí por su rostro fingido de misterio - ¿a la playa Harry? Jajaja
Harry: Ah, error, a una playa cualquiera –dicho esto se metió en el coche y yo le seguí.

Me encantaba como fingía sorpresa, cuando ya sabía que íbamos a la playa. Pero en fin, sin él así es feliz…

Harry: -aparcó el coche – ¡TACHÁN!
Iris: Tachán ¿qué? La playa Harry. Lo que yo te había dicho.
Harry: ts – me calló – eso es lo que tú ves, pero… ¿qué hay allí, detrás de esas rocas?

Detrás de una pequeña montaña, había una separación de la playa, las cuales parecían indicar su fin.

Iris:  Pues no lo sé.. – ahora sí que estaba consiguiendo causarme intriga.
Harry: Ais, pues MI playa – exageró moviendo los brazos.
Iris: ¿tu qué? ¿Tu playa?
Harry: Sí, mía. Es lo que tiene coger familla y eso…¿Vamos?

Caminamos unos diez minutos y cuando llegué… dios, era perfecta. No era una playa, era una calita pequeña. Simple, acogedora y tranquila. Perfecta para Harry  y yo.


Iris: Es preciosa, enserio. – le afirmé embobada mirándola.
Harry: Yo también lo creo, además, siempre han sido mis segundas mejores vistas.
Iris: ¿ y las primeras? – callé al notar que me estaba observando a modo de respuesta. A modo de bonita respuesta más bien - ¿cuántas veces has utilizado esa frase Harry?  Jajaja
Harry: -se puso nervioso – con ninguna que me haya pillado… - fingió cara de decepción.

 Con varios picos en la boca que también denotaban mi entusiasmo, dejamos todo en la arena y estiré mi toalla sobre esta para tumbarme, pero algo, alguien, me la robó.

Iris: Harry… - me giré para decírselo – creo que…
Me callé al darme cuenta que era Harry quien se había apoderado de mi toalla.
Iris: ¡Harry! ¿Puedes darme mi toalla? – entrecorté con risa, pero él continuó ahciendo tonterías con ella.
Harry: ¿la quieres? – me provocó. A distancia. Pero lo hizo.
Iris: sí, te lo estoy diciendo – me reí.
Harry: - comenzó a alejarse metiéndose en el mar hasta que el agua le cubría las rodillas y mi toalla colgaba de sus brazos rozándola a milímetros – pues ven a por ella si la quieres recuperar, ah – me insinuó acercándola cada vez más.

No me lo pensé ni un minuto, sabía que Harry era capaz, así que corrí detrás de él por la orilla para recuperarla. Harry se introdujo más a dentro incitándome a que le persiguiese.


Cuando estuve a su altura y la marea llegaba hasta mi cintura, Harry me atrapó con la toalla de improviso por la espalda y nos hundió a ambas debajo de agua, empapándonos enteras. Sabía que era capaz de hacerlo.

Salí de esta buscando una salida para coger aire y matarle. Y respirar. Y volver a matarle.

Me enganché de su cuello hundiéndole conmigo y riendo cada segundo. No podíamos parar de sonreír, y eso suele ocurrir cuando una persona es feliz. Y yo lo soy.

Me distancié un momento de Harry, para separarme por los peces que nos rodeaban.

Harry: ¿pero qué haces? Jajaja
Iris: -me quejé- que me dan asquito los peces jope.
Harry:- alucinó por mi contestación – pero si son inofensivos ¿te presento a alguno? – ofreció burlándose de mí.
Iris: -le tiré agua – igual es más guapo que tú.
Harry: -se acercó y adiviné sus intenciones- sabes… - se aproximo hacia mis labios. Ambos estaban húmedos y nuestros cuerpos bañados en agua -…que eso es imposible. Volvió a sus sonrisas pícaras que echaba de menos.

Se abalanzó sobre mí, besándome. Bueno, dar besos debajo del agua resulta imposible, pero él lo hacía. No me preguntéis cómo.

Harry: -separó su boca de mi cuello, sacando su cabeza fuera del agua- podrías venir siempre en bikini, me gustas más.
Iris: ¿solo en bikini? Pues nada… - me alejé de él flotando en el agua, sin separar nuestros ojos y sin despegarle la sonrisa que le tenía atado a mí.
Harry: Eh, eh, nadie ha dicho que tengas que irte.
Iris: Pero es que no te gusto Harry – me levanté para comenzar a andar con cara de pena  a propósito y asegurándome de que me estaba mirando – así que  bueno…quédate con tus amigos los peces, que seguro que están mejor – escuché sus carcajadas de fondo.

Anduve despacio, acercándome hacia la orilla y Harry solo se dedicaba a observar mi cuerpo caminar, ni se inmutaba. Y cómo no. Le dejé mirar.

Iris: asegúrate de que no se te caiga la baba cielo. – me giré para ofrecerle una risa pícara.

Harry se levantó rápidamente sacudiéndose el agua también, evitando y disimulando su empanamiento.

Harry: Tú ríete, pero sabes que no tienes toalla ¿no? – cogió la suya y con esta se sacudió el pelo mojado.

Idiota de mí, se me había olvidado.  Ahora no me podría secar y encima había quedado mal.
Harry: vaya que pena… tendremos que compartir una misma toalla.

Su jugada había resultado ser bastante buena si no quería pasar frío.

Iris: Eres lo peor.
Harry: ven aquí tonta-  me abrazó con su toalla cubriéndome para que el frío y el viento no se apegasen a mi cuerpo.

Sus brazos eran los suficientes fuertes y largos para taparme y evadirme del mundo en el que vivíamos. Aquel sitio era perfecto para aislarte y crear tu propio lugar.

Solo falta una cosa. Él.

Y ya era mío.

***NARRA HARRY***

La atrapé y la llevé hacia la orilla.



Me agaché en la arena y abrí mis piernas para que ella se sentase entre estas. Quedaba atrapada por mí, acorralada, sin salida. Bajo mi dominio.

Mi mano jugaba con cada uno de sus mechones oscuros del pelo, mientras el sol nos observaba y nos acogía en una pequeña y tranquila calita.

De vez en cuando ella se giraba para contarme sus cosas y sus planes de España, pero no soy capaz de escucharla. No puedo. Porque solo me fijo en sus sonrisas y en sus miradas. 

Me hipnotizan haciendo desaparecer todo. Incluso no habiendo nada a nuestro alrededor.

Iris: Pues es que no quiero volverme Harry. Quiero empezar la carrera, pero pensar que vamos a estar a miles de kilómetros…
Harry: No son kilómetros, si lo miras en un mapa son solo diez centímetros. Tú y yo a diez centímetros.
Iris: ¡Sí hombre! Diez centímetros es la distancia de tus labios a los míos – susurró mordiéndose el labio inferior como sabía hacer.
Harry: -me aproximé a ella – pues yo prefiero que sean cinco.
Iris: pues… -atrapó con sus dientes mi labio, jugando con él a pequeños toques y dejando algún que otro mordisco- ¿qué tal si lo dejamos en 0?
Harry: Hecho.

Estuvimos así unos minutos, riendo de algunas tonterías y escribiendo su nombre y el mío en la arena.

Harry: siempre tienes la opción de que te secuestre y pida una año conmigo como rescate… -le sugerí tumbándome otra vez con ella.
Iris: ¿y los estudios?
Harry: yo te puedo enseñar anatomía, que se me da genial. Sobre todo la tuya…- le rocé con mis dedos sus piernas, conduciendo por ellas cada vez más arriba provocándole.
Iris: Harry ¿me estás escuchando?- me palmeó la cara bromeando.
Harry: ¿eh? No, perdón. Es que… estoy aquí. Contigo. Y mi mente no es capaz de centrarse en otra cosa.
Iris: o que no puedes hacer dos cosas a la vez.
Harry: que graciosa – reí forzadamente.

Pero sin quererlo ni tomarlo, se aproximó a mí, para disculparse con un beso. Como últimamente, nuestros besos se fundían en algo más. Pasión. Calor. Amor.

Apoyó su pequeño peso sobre mí, pegando mi espalda sobre la arena y acariciando con cada punta de su cabello mis mejillas.

Subí mi mano a su cuello y terminé con el espacio entre ambos.

Más tarde se giró y depositó sus manos en mis rodillas, utilizándolas como apoyo para alzarse. Yo descansé la mía sobre su hombro y caminamos hasta las bolsas. Juntos.

Mis dedos notaron su cuerpo temblar, así que la abracé dándole el calor que necesitaba. Sabía que tenía frío y no lo iba  a permitir. Mis brazos la envolvieron, como un niño que encuentra su mejor regalo, pero con la suficiente delicadeza de no hacerle daño, de no apretarle si no de rozarla con suavidad pero evitando su huida.

Busqué entre la toalla y ropa mi móvil, pero no había ninguna novedad en él.

Iris: ya estoy bien – me giré para verla y comencé a reírme. Mi camiseta le quedaba ancha por el centro y larga por los lados. Sus mangas ocultaban sus pequeñas manos.

Harry: ¿pero qué haces? –pregunté sorprendido.
Iris: es que la he visto tirada… y tenía frío – la noté un poco tímida. Porque siempre roza con los dedos, sus labios finos y seductores cuando tiene vergüenza de algo.
Y eso me encantaba.
Harry: estás loca – suspiré.
Iris: ¿y qué hay de malo en ello?

Pensé en ello unos segundos, pero tenía razón. ¿Qué había de malo en ser ella misma? ¿Qué había de malo en sacarme una sonrisa? ¿Qué había de malo en ser tan irresistible?
Y con estos pensamientos deducí que igual el loco soy yo. Pero por ella. Siempre por ella.

Iris: voy a mojarme los pies a la orilla, ahora vengo – me avisó y se fue.

Estiré el brazo para agarrar su bolso y coger prestado sus auriculares. Le removí todo, pero no los encontré.

I’m worse at what I do best
And for this gift I feel bleesed

Todo lo que había dentro comenzó a vibrar y con ello mis manos.

I’m worse at what I do best
And for this gift I feel bleesed

Le saqué todo, dejándolo sobre la arena, hasta que hallé con que se trataba de su móvil.

Cambié mi rostro radicalmente por unos momentos.

¿Mario? ¿Quién era ese? Iris no me había hablado de él nunca. Igual es su primo. No sé. 

Pero quien sea, debería de ser un poco cansino porque no dejaba de llamarle. Igual sería algo importante.

Mis ojos se desviaron hace arriba para buscar a Iris e informarle de que alguien la necesitaba, pero cuando iba a hacer, la llamada terminó y vinieron otras vibraciones. Ahora se trataba de Whatsapps.

Que yo sé que estas cosas nunca se tienen que hacer, porque la confianza es lo primero, aunque a veces, todos dudamos de ella.

Deslicé mi dedo sobre la pantalla para desbloquearlo y abrí la ventana de sus mensajes juntos.

Lo primero que hice fue ver su foto. Tampoco voy a mentir, el chico no estaba mal, pero no era suficiente para ello, si de eso se trataba.

Subí hasta el principio de sus conversaciones y comencé a leer.

Te quiero pequeña, no lo olvides

Mi pecho parecía una montaña rusa por mi intento de respirar paulatinamente porque me conocía, y los nervios hacían más grande el nudo que se estaba formando en mi interior. 
Cada vez más.

en seguida me tienes allí, te quiero mucho”
“te echo de menos, necesito verte

Y de más…ahí me di cuenta lo que le va costar volver a España a Iris. Uf, que sufrimiento. 

Si según ella lo va a pasar fatal. Flipante.

Siempre soy yo el ingenuo que piensa que todo puede salir bien, el que ha preparado un día con ella para hacerla sentir especial, porque para mí es especial. Bueno lo era.

Lo que no voy a permitir es que juegue conmigo. Con Louis pudo haberle funcionado, lo ha hecho. Pero no conmigo.

Recogí todo a gran velocidad, pues se me habían quitado las ganas de continuar lo que quedaba de día con ella. El “falso” día con ella.

Iris no se había enterado de nada, seguía feliz en el bordeando la orilla, siempre al borde. Y algún día caerá.

Conmigo ya ha caído. Que la recoja su novio Mario si quiere.

Mis sentimientos no eran más que impotencia, rabia y frustración. Mucha. Por no entender por qué me ha mentido.

Bueno, al fin y al cabo, siempre he tenido razón. Ella solo piensa en esto como una aventurita de verano y ya está. Volverá a España y tendrá vida con ese Mario o con los que sea. Porque al parecer le gustan mucho todos.

Harry: ¡eh! – le grité – nos vamos.
Iris: ¿ya? – se extrañó.
Harry: Sí.

Nos metimos en el coche y no le dirigí la palabra. Espero que tenga explicaciones de algo. 

Aunque no hay excusas para lo que mis ojos han leído.

Iris: -se había dado cuenta, por eso habló- jolín Harry ¿nos teníamos que ir ya? Era tan bonita la calita…
Harry: pues espero que la hayas disfrutado bien, porque es la última vez que la pisas –le dije tajante.
Iris: ¿qué? ¿Por qué? no hace falta que seas tan borde eh.
Harry: no sé, si de verdad quieres una, dile a Mario que te la compre. –y pam, se lo solté.
Iris: ¿qué estás diciendo de Mario Harry? Es un amigo.
Harry: pues al parecer no te va a costar mucho volver a España como decías, todo mentira. Como siempre – mi mirada se clavó en la luna del coche para no centrarme en la suya. Si no, no podría conducir y sabía que era demasiado bonita incluso estando enfadado.
Iris: TE ESTOY DICIENDO QUE ES UN AMIGO, además ¿Qué sabes tú de Mario?
Harry: pues lo que tú te has reservado. Yo de hecho a mis amigas no les hablo así.
Iris: es que le voy a llamar porque me estás poniendo muy nerviosa. Él mismo te dirá que no somos nada.

Me callé para que lo hiciese, puso el altavoz…(apagado o fuera de cobertura, por favor deje su mensaje)

Vaya, que casualidades. Iris saltó para dejarle un mensaje.

“Hola Mario, llámame en cuanto puedas, es importante por favor”

Iris: Esto no va a quedar así Harry. Estás muy equivocado.
Harry: claro que no, esto ya no queda de ninguna manera.
Iris: ¿qué quieres decir?

Sentía un vaivén dentro de mí, pero al parecer ella también. E incluso en este caso, mi boca no tuvo la fuerza suficiente, para decir lo que mi cabeza estaba pensando. Así que evité su pregunta.

Aparqué el coche en su puerta y me quedé en silencio, esperando a que se bajase.

Tenía los ojos llorosos y la noté estresada por mí. Sé que ella no quería que me sintiese así. Pero yo tampoco quiero. Y las mentiras tienen un punto y la de ella es más bien un raya.

Iris: ¿no me vas a dar un beso?
Harry: Sí quieres uno, te esperas dos semanas y Mario te lo dará.
Iris: Adiós Harry – abrió la puerta de su costado y la cerró apenada y decepcionada.

Pero para eso ya estaba yo.

No moví mi coche. Me quedé ahí un rato pensando en todo, perdiendo la mirada en la calle 
vacía en la que me encontraba.

Estuve un rato dando vueltas en la oscuridad del barrio con este porque, a veces, eso ayuda a pensar y para estar solo en casa, mejor acompañado de la depresiva zona por donde divagaba. Finalmente, después de varias reflexiones y confusiones, recordando todos los perfectos momentos que habíamos tenido hoy

Llegué a la conclusión de llamarla, porque me había sabido mal haberla dejado así, pero también se lo merecía. No podría hacerse ni idea de cómo me estaba sintiendo yo .Y si quiero explicaciones, al menos tendré que pedírselas.

Me quedé en un descampado cercano a su casa. Gracias a las luces de las farolas, encontré mi móvil por el asiento  y busqué su número. Me llevó unos minutos, con cada uno de sus números delante de mí, decidir si hacerlo o no. Y con la duda, por fin, abrí la llamada.

Un tono…

Dos tonos…

Tres tonos…

Cuatro tonos…



Iris: ¿MARIO?

Solo me bastó eso para indicar el fin de la conversación.

Colgué por la rabia, sintiéndome pésimo y tonto.

Sintiéndome solo.




UEEEE, ahora subo cada semana jajaja

Bueno, como siempre, espero que os guste. Y muchas gracias a todas las que la leéis, que sin vosotras en más de alguna ocasión, hubiese abandonado la novela o la hubiese borrado.

Pero siempre ha habido alguien que te ha vuelto a motivar. Así que gracias chicas.


Un saludo enorme.

miércoles, 19 de marzo de 2014

Capítulo 15. Seré tu cielo si quieres volar.




Y después de aquello, después del mejor regalo del mundo que me podrían haber hecho. 
Pasé el resto de mi fiesta con él. Con la única persona  con la que quería pasar MI día.

Me descalcé los tacones sujetándolos con mis dedos a la vez que apoyaba mis pies sobre el frío asfalto y diciendo cosas sin sentido. Nada de lo que habíamos hecho tenía sentido en esa noche. Pero la noche continuaba…

No podíamos parar de reírnos, como dos niños pequeños haciendo el tonto durante horas. Eso, o que habíamos pillado el punto bueno de alcohol. Sin pasarse. Lo suficiente para que Harry no supiese abrir la puerta de su casa.

Iris: ¿Puedes abrir ya? – le exigí entre carcajadas
Harry: ¡ABRE TÚ! – gritó.
Iris: tsss – le indiqué bajando el volumen de su voz – que te van a oír – aunque seguro que ya nos hubiesen oído. Llevábamos gritando desde que habíamos bajado del coche.
Harry: ¿Con qué no quieres que grite? – me susurró-  pues me da igual, PUEDO GRITAR  ¿o me lo vas a impedir? SÍ, VOYA  GRITAR. Y PARA QUIÉN NO SE HAYA ENTERADO HOY ES EL CUMPLEAÑOPS DE MI CHICAAAAAAA. – Está loco.

La luz de la casa de enfrente de encendió a causa de su escandalera.

Iris: jajajajajajaja, madre mía… abre ya Harry, que nos van a echar.
Harry: ah, ERROR, te echarán a ti, pero a mí no, es mi casa.
Iris: Imbécil.
Harry: Eh…… - sonó pensativo, cosa que nunca hace – vamos a entrar por la ventana.
Iris: jajajaj ¿pero qué dices?
Harry: Yo no puedo abrir chica.

Se acercó a su marco de la ventana y lo  levantó haciendo fuerza, cualquiera entra  a robar aquí.

Harry: ¿a qué esperas? – me preguntó  intentando entrar él primero.

¿Estamos asaltando su propia casa? Raro ¿no? Pero bueno, después de tantas cosas, eso ya no era nada.

Logré saltar como pude por el bordillo hasta quedar sentada en el banquito de la ventana. 

Harry había sido más rápido y había entrado primero. Me agarró por la cintura para bajarme de este y yo apoyé mi peso sobre él, lo que provocó la caída monumental del día. 

Los dos. Solos. Felices. En el suelo ¿es eso normal? Más risas tumbados en el suelo, pero de repente la mía se cortó.

Mis ojos visualizaron el sofá. Mi parte de sofá. Y Harry intuyó mis intenciones, así que se levantó corriendo para llegar antes que yo y que esta no pudiera ser invadida por mí. Pero yo fui más inteligente y me tiré sobre su espalda para impedirlo y aplacarle contra el suelo. Ganando así ventaja a mi favor. Sus manos cogieron mis pies, para evitar que me levantase y enganchada a su espalda se tiró sobre el sofá. Y básicamente, me aplastó.

Harry: Empate – chilló más, alzando las manos en el aire de felicidad conmigo debajo de él.
Iris: Eso no está claro – le empujé separándole de mi y aprovechando para ponerme encima de él – Ahora gané yo.

Mis piernas se enrollaban sobre su cintura, pues era mi presa. Yo había ganado. Yo siempre gano.

Y entre tanta risa y buenos momentos, apoyé mi cabeza sobre su pecho para descansar. Pues incluso eso termina cansándote. Este respiraba exhaustivo al igual que el mío. Su mano se reposó sobre mi pelo acariciándolo, y buscando la tranquilidad que algún día llegaría. Que pronto llegaría.

Después de darme cuenta que estaba en unos de mis mejores momentos me alcé, para agradecérselo a modo de beso. El cual él continúo.

Su torso se inclinó hacia arriba, y yo con él. El beso pasó a algo más tenso, más expectativo, más… más de Harry.

Podríamos estar riéndonos, y todo eso, pero éramos muy conscientes de todo lo que pasaba y menos mal. Jamás querría perderme aquello.

Sus manos despeinaban mi pelo, y las mías alborotaban el suyo, se podría decir, que nos complementábamos bastante bien.

Para mí, era curioso, que después de todo, estuviésemos ahí, besándonos, como otras veces habíamos querido, como otras veces hemos hecho. Como siempre haremos.

Me agarró fuertemente las piernas sobre su cintura, y se alzó de sofá para andar hasta su cuarto sin despegar sus labios de los míos. Era un poco complicado para él, cargar conmigo y andar por las escaleras, lo que producía que se nos escapase alguna risilla involuntaria. El equilibrio, en esos momentos no era un punto fuerte.

Cuando llegamos arriba, mi mano se separó de él, para buscar el interruptor y darle luz al oscuro pasillo en el que estábamos. Pero la suya, me lo impidió y la condujo hacia él de vuelta. No hubo oposición por mi parte.

Enseguida reconocí su habitación entre la penumbra, ya había estado ahí antes. Le di un empujón  a la puerta y esta se abrió de inmediato. Lentamente, comenzó a caminar, apoyándome sobre la pared y cerrarla de nuevo. Los besos continuaban, nunca cesaban y no tenían porque hacerlo.

Su cuerpo se sentó sobre el borde de su cama. El olor de aquella habitación me resultaba familiar. La diferencia de la otra vez, es que ahora no dormiré sola.

Mi peso estaba sobre sus rodillas, sentada cara a cara con Harry. Aunque esta sea la única parte de su cuerpo que viera gracias a algún rayo de luz que entraba por la persiana de su ventana lo que indicaba un nuevo amanecer.

Su boca se inclinó por mi cuello, dejando suaves mordiscos sobre este y sus manos contrastaban el frió y el calor por mi delicada espalda, lo que me producía ciertos escalofríos, pero no desagradables. Si no, apetecibles.

Yo tampoco me quede quieta, mis manos, como siempre, se perdían por la cabeza de Harry, era algo irresistible que nunca cambiaría.

Luego bajaron a su camisa, para desabrochar botón a botón, lo que quería haber hecho hace tiempo, incluso tendría que separarme un poco, pero su olor me tenía pegada a él. Siempre me tiene pegada a él.

Mis brazos le empujaron hacia atrás, recostando su cuerpo sobre la cama, la cual estábamos dispuestos a compartir. El mío cayó sobre él, besando su cuello e inspeccionando con cada uno de mis dedos cada músculo, cada respiración, cada gota de sudor, cada aliento. Que Harry desprendía.

Harry: - se separó  a penas de mi rostro- Iris… no tienes por qué… -Mis labios fueron lo suficiente rápidos para callarle, pues no quería ningún impedimento en esta noche/amanecer, ni siquiera él mis.

Las manos de Harry se aferraron a mi cintura para girarme y colocar mi cabeza sobre su almohada desprendiendo su cuerpo sobre mí, pendiente de no colocar todo su peso. 

Después, quitó mi camiseta perdiéndola por la oscuridad, entre todas las cosas de antes.
La  boca de Harry iba rozando la mía de vez en cuando alternándose con mi cuerpo, el cual cada vez estaba más nervioso y a veces él calmaba.

Mi falda siguió a mi camiseta como un juego donde la ropa solo actuaba de impedimento entre dos personas y el calor que desprendían resultaba ser el ganador.

Hasta ahora solo me había estado dejando llevar por los sentimientos, y el deseo, pero no me había parado a pensar ciertamente, hasta que los nervios se iban apoderando de mi cada vez más. Y más.

Harry: eh – sus ojos verdosos, se clavaron en mí. Seriamente, cortando sus besos, apagando su calor- Eres perfecta ¿Vale?
Iris: - me sonrojé por todo, por eso, por falta de ropa, porque me había pillado.
Harry: ¿Qué pasa? No quiero que te sientas obligada – susurró con sinceridad, sabía que lo decía de corazón, pero no era él. Era yo.
Iris: Harry… - le aparté la mirada, porque si no me perdería ahí por mucho tiempo y jamás podría acabar la frase – pues eso… - él esperaba mi respuesta - que es mi primera vez.
Harry: ¿cómo? – su rostro se desnaturalizó.
Iris: ¿Por qué te sorprendes?
Harry: Dios… - se apartó de mí, levantándose de la cama. Yo no entendía nada, pero no me hacía mucha gracia quedarme así ahora – Pensaba que tú y Louis…
Iris: ¿Qué? ¡No! – me impacté por su suposición.
Harry: Tendrías que habérmelo dicho Iris, no lo sabía. No quiero que tu primera vez, sea así. Y más, confiando en mí. Yo pensaba que tu ya sabías, pues eso…
Iris: - me levanté cogiéndole de los hombros, para que volviese conmigo – Ven, estaba siendo perfecto – le susurré suavemente en su oído.

Le atraje hacia a mí, devolviéndole a la cama. Conmigo. Y Apartando todo aquello que ya podría estorbar definitivamente.

Su cara se encontró a la altura de la mía. Lo suficiente para ver, solo aquello que necesita. Él. Su cuerpo. El mío.

Harry: Déjame preguntarte si quieres amanecer hoy conmigo – sonrió.
Iris: Hoy y siempre – me besó, tranquilizando, mi respiración cansada y nerviosa que me delataba y no podía evitar.

Se separó un minuto, ya sabéis, protección, precauciones y esas cosas. Y volvió hacia a mí.

Le agarré de la cadera fuerte con las piernas, para evitar que volviese a escaparse.

Iris: Confío en ti – susurré  a penas. Clavando nuestras pupilas.

No hizo falta más para convencerle. Y entonces se produjo, un estallido, una explosión, un sentimiento incomparable.

Sentí sus dedos entrelazarse con los míos y apretarlos con fuerza como si fuese la última vez. Sentí calor, frío, calor, escalofríos, le sentí. Como nunca lo había hecho, como si ahora mi mundo solo dependiese de él. Lo aferraba con más fuerza por impulsos que mi cuerpo me daba, y mis manos se resbalaban por él a causa de la sudor que ambos desprendíamos seguido de mi respiración agitada. Nuestros cuerpos parecían entrelazarse en una carrera o batalla de baile, del cual, ninguno quería perder. Con la que ninguno quería terminar.

Siempre he pensado como sería mi primera vez, con quién, cuándo, dónde… pues aquí está la mía. ¿Dolor? A penas,  si te dejas llevar por la persona en la que amas, no tendrás por qué sentir dolor, solo satisfacción y orgullo por encontrar a alguien que sea capaz de hacerte sentirte así. Pues solo una persona en esta vida, puede lograr eso. Y en la mía es Harry.

El calor y la oscuridad de la habitación, comenzaron a desaparecer, a esfumarse. Todo tiene un fin.

Harry se acostó a mi lado, imitando, mi sonrisa. Nunca podría imitar la felicidad que sentía en ese momento.

Los rayos de sol, se asomaban por la ventana, lo que me facilitó ver bien el cuerpo de mi chico. Porque ahora solo era mío.

Me estiré, para cubrir con sus sábanas mi cuerpo y colocarme encima de él otra vez.

Nos sumergimos. Juntos. En aquellas frías sábanas, para devolver el calor que ni el sol tímido que se asomaba era capaz de ofrecernos.

***NARRA HARRY***
¿Qué deciros? Que podría estar así el resto de mi vida. Que esto no tiene ni punto de comparación entre Ash e Iris.

Verla ahí, insinuarse, en frente de mi, con una sábana, la culpable de todo, dejando al descubierto su pierna. Parece tan delicada y con ganas de más, que me lo pide a gritos. Yo no me puedo negar. Solo cumplo órdenes.

Es entonces cuando me acerco a su oído, para decirle todo aquello que siempre he pensado de ella y el orgullo solo era una barrera.

Se lo digo en voz bajita, mientras cumplo con lo que me pide, para que nadie se entere, solo quiero que lo sepa ella. Porque algo es especial cuando lo saben pocas personas. Y ella es demasiado especial.

Ella es tan irresistible…

I found your lips 
So kisseable 
And your kiss 
unmeassable 
Your finger tips 
So it's searchable 
And your eyes 

Irresistible

Ella se apega  a mí, como salidas a sus preguntas. Yo me apego a ella como entradas a un nuevo mundo.

Nunca tendría que avergonzarse de su cuerpo ni de nada, mis ojos la perciben perfecta y mis manos la captan delicada, pero apetecible.

Mis labios la prueban y le ruegan que se quede una mañana conmigo.

La que está siendo nuestra mañana.

***FIN DE LA NARRACIÓN DE HARRY***
--------------------------------------------------------------------------------------------- 

¡Hola chicas! Lo sé, matadme, me lo merezco. Casi un mes o un mes. He perdido la cuenta… Lo siento mucho de verdad, pero se me juntaron los exámenes y las fiestas en Valencia (Fallas) y me había resultado imposible escribir.

Pero, hoy he encontrado un huequecito y os he escrito esto. Que aunque sea corto, espero que sea suficiente. Ya me diréis.

Lo siento mucho de verdad.


Un besoooJ