“Mañana, toalla y biquini ¿quieres?”
“¿Qué? ” Le contesté. No tenía ni idea de que quería decir con
eso.
“Mañana, toalla y biquini ¿quieres?”
“Jajaja vale Harry”
“Mañana te recojo, un beso”
Ese fue su último
mensaje…
-- -- -- -- -- -- -- -- -- -- -- --
“I’m worse at what I do best
And for this gift I feel bleesed”
Estiré el cargador del móvil desde el sofá para atraerlo hacia
mí. Por lo visto, quien sea que me está
llamando, debía de ser algo importante por su insistencia.
Enma: ¿Vas a cogerlo? –
preguntó silenciando la tele.
Iris: - Me levanté- em… sí, lo siento- Enma me sonrió plácidamente esperando mi
contestación a esa cansina llamada.
***: ¿Iris? – entonces la reconocí, reconocí su voz. Siempre
lo había hecho.
Iris: Emmm…. – noté el calor subir por mi cuerpo y al parecer
Enma también, quien me miraba preocupada.
***: ¿Estás ahí? – insistió.
Iris: - no sabía si contestarle o no – ¡Sí! – Chillé para que
no colgase - ¿Qué tal Mario?
Mario: Jajaja te daba por perdida – rió. Adoraba su manera de
reír – Aunque bueno, ya veo que mi chica no ha tenido cinco minutos para mí en
un mes y medio eh.
Iris: eemm… - me había quedado cortadísima, no sabía que
decir, tampoco sabía si hablar con él sería la mejor opción - ¡No tonto! He
estado muy ocupada… - mi cara ardía de calor por mentir y por escucharle.
Mario: Ya, ya… - vaciló – no hace falta que me lo digas, soy
yo el que se encarga de esconderle a tu madre las fotos donde apareces.
Iris: ¿Mi madre? ¿Qué fotos? – no entendía.
Mario: Sí, sí… ese tal… ¿se llama Harry? Sí, ese. Que aquí ya
te conoce todo el mundo Iris; Internet, prensa, televisión… No se os da bien
ocultaros... jajaja – pero su risa no será una risa de gozo, por así decirlo,
estaba nervioso y yo también.
Iris: -ignoré su comentario – Joder, muchas gracias Mario, si
mi madre se llega a enterar….
Mario: ¿Y qué pasó cuando yo me enteré? –cortó.
Silencio…
Más silencio…
...
Suspiré tragándome todo lo que pudiese pasarse por mi cabeza
en aquel momento.
Enma: - me ofreció un vaso de agua - ¿Pasa algo? ¿va todo
bien?
Iris: Sí, sí Enma, todo perfecto, no te preocupes – le fingí
una de mis mejores falsas sonrisas y subí al cuarto con el móvil pegado en la
oreja.
Mario: Me llamo Mario, no Enma – bromeó.
Iris: Imbécil – sabía que no podría contestarle a lo que me
había preguntado, así que, como siempre ha hecho, bromeó para cortar el marrón.
Mario: Bueno, tu madre dice que le llames más, y… por cierto –
animó su tono de voz – en dos semanitas te veo ¿no?
Iris: … si – ¡DOS SEMANAS!
Mario: Oye, no sé qué te pasa, pero te he llamado porque me
hacía ilusión hablar contigo, pero si no puedes o no quieres, dímelo ¿vale?
Iris: No, no –volví a la realidad - ¿Estás seguro que son dos
semanas?
Mario: Sí, tu madre me dijo ayer que te estaba mirando la beca
para comenzar la carrera en un mes.
Iris: Todo va muy rápido Mario… - me sinceré.
Mario: ¿y tú qué quieres? ¿Pensabas qué esto te iba a durar
para siempre?
Sus palabras sonaron frías, pero tenía toda la razón del mundo,
yo no sé en qué estoy pensando. Harry famoso, yo estudiante. Él Inglaterra, Yo
España. Esto no podía salir bien ni nos llevaba a ningún lado.
Mario: Bueno pequeña, nos vemos pronto. No me hagas ir a por
ti eh – bromeó. Otra vez. O eso espero – te echo de menos.
Iris: calla Mario – reí – yo también te echo de menos. Quiero
verte pronto, un beso – dije sinceramente y colgué rápido el teléfono.
Descansé tumbándome en la cama y pensando todo.
Todo lo que había vivido, todos los momentos, todas las cosas
que había pasado y las que quedaban por pasar.
“I’m worse at what I do best
And for this gift I feel bleesed ”
Ignoré el móvil porque sé que si vuelvo a hablar con él,
terminaré echándole de menos. Y mucho.
“Lo dicho, que espero no aparecer por allí a secuestrarte”.
“Que no bobo, a mi me tienes allí en seguida, que te quiero
mucho.” le contesté por whatsapp.
Le dije eso aunque fuese una de las cosas que más me doliese
en esos momentos. Perder todo lo que había ganado.
“Te quiero pequeña, no lo olvides”
No le contesté, no puedo contestarle a eso. Harry no se merece
que le conteste a eso.
Me dormí con ese dulce y bonito mensaje de Mario. Tenía que reponer
fuerzas para mañana. No sé que se le habrá pasado ahora por la cabeza a este
chico. Bikini y toalla… a saber.
Me desperté, me duché y me puse esto con el bikini debajo.
Despedí a Enma y esperé en el jardín a que Harry me recogiese.
Obviamente, Enma ya no me miraba igual desde que su hija se ha
quedado soltera por mi culpa. Una lástima.
En cuestión de minutos, apareció Harry en su coche y gafas de
sol ( que le quedaban…asdfgh) Bajó y me besó.
Harry: ¿vamos? –me cogió la bolsa con las toallas.
Iris: -reí por su rostro fingido de misterio - ¿a la playa
Harry? Jajaja
Harry: Ah, error, a una playa cualquiera –dicho esto se metió
en el coche y yo le seguí.
Me encantaba como fingía sorpresa, cuando ya sabía que íbamos
a la playa. Pero en fin, sin él así es feliz…
Harry: -aparcó el coche – ¡TACHÁN!
Iris: Tachán ¿qué? La playa Harry. Lo que yo te había dicho.
Harry: ts – me calló – eso es lo que tú ves, pero… ¿qué hay
allí, detrás de esas rocas?
Detrás de una pequeña montaña, había una separación de la
playa, las cuales parecían indicar su fin.
Iris: Pues no lo sé.. –
ahora sí que estaba consiguiendo causarme intriga.
Harry: Ais, pues MI playa – exageró moviendo los brazos.
Iris: ¿tu qué? ¿Tu playa?
Harry: Sí, mía. Es lo que tiene coger familla y eso…¿Vamos?
Caminamos unos diez minutos y cuando llegué… dios, era
perfecta. No era una playa, era una calita pequeña. Simple, acogedora y
tranquila. Perfecta para Harry y yo.
Iris: Es preciosa, enserio. – le afirmé embobada mirándola.
Harry: Yo también lo creo, además, siempre han sido mis
segundas mejores vistas.
Iris: ¿ y las primeras? – callé al notar que me estaba
observando a modo de respuesta. A modo de bonita respuesta más bien - ¿cuántas
veces has utilizado esa frase Harry?
Jajaja
Harry: -se puso nervioso – con ninguna que me haya pillado… -
fingió cara de decepción.
Con varios picos en la
boca que también denotaban mi entusiasmo, dejamos todo en la arena y estiré mi
toalla sobre esta para tumbarme, pero algo, alguien, me la robó.
Iris: Harry… - me giré para decírselo – creo que…
Me callé al darme cuenta que era Harry quien se había
apoderado de mi toalla.
Iris: ¡Harry! ¿Puedes darme mi toalla? – entrecorté con risa,
pero él continuó ahciendo tonterías con ella.
Harry: ¿la quieres? – me provocó. A distancia. Pero lo hizo.
Iris: sí, te lo estoy diciendo – me reí.
Harry: - comenzó a alejarse metiéndose en el mar hasta que el
agua le cubría las rodillas y mi toalla colgaba de sus brazos rozándola a
milímetros – pues ven a por ella si la quieres recuperar, ah – me insinuó
acercándola cada vez más.
No me lo pensé ni un minuto, sabía que Harry era capaz, así
que corrí detrás de él por la orilla para recuperarla. Harry se introdujo más a
dentro incitándome a que le persiguiese.
Cuando estuve a su altura y la marea llegaba hasta mi cintura,
Harry me atrapó con la toalla de improviso por la espalda y nos hundió a ambas
debajo de agua, empapándonos enteras. Sabía que era capaz de hacerlo.
Salí de esta buscando una salida para coger aire y matarle. Y
respirar. Y volver a matarle.
Me enganché de su cuello hundiéndole conmigo y riendo cada
segundo. No podíamos parar de sonreír, y eso suele ocurrir cuando una persona
es feliz. Y yo lo soy.
Me distancié un momento de Harry, para separarme por los peces
que nos rodeaban.
Harry: ¿pero qué haces? Jajaja
Iris: -me quejé- que me dan asquito los peces jope.
Harry:- alucinó por mi contestación – pero si son inofensivos
¿te presento a alguno? – ofreció burlándose de mí.
Iris: -le tiré agua – igual es más guapo que tú.
Harry: -se acercó y adiviné sus intenciones- sabes… - se
aproximo hacia mis labios. Ambos estaban húmedos y nuestros cuerpos bañados en
agua -…que eso es imposible. Volvió a sus sonrisas pícaras que echaba de menos.
Se abalanzó sobre mí, besándome. Bueno, dar besos debajo del
agua resulta imposible, pero él lo hacía. No me preguntéis cómo.
Harry: -separó su boca de mi cuello, sacando su cabeza fuera
del agua- podrías venir siempre en bikini, me gustas más.
Iris: ¿solo en bikini? Pues nada… - me alejé de él flotando en
el agua, sin separar nuestros ojos y sin despegarle la sonrisa que le tenía
atado a mí.
Harry: Eh, eh, nadie ha dicho que tengas que irte.
Iris: Pero es que no te gusto Harry – me levanté para comenzar
a andar con cara de pena a propósito y
asegurándome de que me estaba mirando – así que
bueno…quédate con tus amigos los peces, que seguro que están mejor –
escuché sus carcajadas de fondo.
Anduve despacio, acercándome hacia la orilla y Harry solo se
dedicaba a observar mi cuerpo caminar, ni se inmutaba. Y cómo no. Le dejé
mirar.
Iris: asegúrate de que no se te caiga la baba cielo. – me giré
para ofrecerle una risa pícara.
Harry se levantó rápidamente sacudiéndose el agua también,
evitando y disimulando su empanamiento.
Harry: Tú ríete, pero sabes que no tienes toalla ¿no? – cogió
la suya y con esta se sacudió el pelo mojado.
Idiota de mí, se me había olvidado. Ahora no me podría secar y encima había
quedado mal.
Harry: vaya que pena… tendremos que compartir una misma toalla.
Su jugada había resultado ser bastante buena si no quería
pasar frío.
Iris: Eres lo peor.
Harry: ven aquí tonta-
me abrazó con su toalla cubriéndome para que el frío y el viento no se
apegasen a mi cuerpo.
Sus brazos eran los suficientes fuertes y largos para taparme
y evadirme del mundo en el que vivíamos. Aquel sitio era perfecto para aislarte
y crear tu propio lugar.
Solo falta una cosa. Él.
Y ya era mío.
***NARRA HARRY***
La atrapé y la llevé hacia la orilla.
Me agaché en la arena y abrí mis piernas para que ella se
sentase entre estas. Quedaba atrapada por mí, acorralada, sin salida. Bajo mi
dominio.
Mi mano jugaba con cada uno de sus mechones oscuros del pelo,
mientras el sol nos observaba y nos acogía en una pequeña y tranquila calita.
De vez en cuando ella se giraba para contarme sus cosas y sus
planes de España, pero no soy capaz de escucharla. No puedo. Porque solo me
fijo en sus sonrisas y en sus miradas.
Me hipnotizan haciendo desaparecer todo.
Incluso no habiendo nada a nuestro alrededor.
Iris: Pues es que no quiero volverme Harry. Quiero empezar la
carrera, pero pensar que vamos a estar a miles de kilómetros…
Harry: No son kilómetros, si lo miras en un mapa son solo diez
centímetros. Tú y yo a diez centímetros.
Iris: ¡Sí hombre! Diez centímetros es la distancia de tus
labios a los míos – susurró mordiéndose el labio inferior como sabía hacer.
Harry: -me aproximé a ella – pues yo prefiero que sean cinco.
Iris: pues… -atrapó con sus dientes mi labio, jugando con él a
pequeños toques y dejando algún que otro mordisco- ¿qué tal si lo dejamos en 0?
Harry: Hecho.
Estuvimos así unos minutos, riendo de algunas tonterías y escribiendo
su nombre y el mío en la arena.
Harry: siempre tienes la opción de que te secuestre y pida una
año conmigo como rescate… -le sugerí tumbándome otra vez con ella.
Iris: ¿y los estudios?
Harry: yo te puedo enseñar anatomía, que se me da genial. Sobre
todo la tuya…- le rocé con mis dedos sus piernas, conduciendo por ellas cada
vez más arriba provocándole.
Iris: Harry ¿me estás escuchando?- me palmeó la cara
bromeando.
Harry: ¿eh? No, perdón. Es que… estoy aquí. Contigo. Y mi
mente no es capaz de centrarse en otra cosa.
Iris: o que no puedes hacer dos cosas a la vez.
Harry: que graciosa – reí forzadamente.
Pero sin quererlo ni tomarlo, se aproximó a mí, para
disculparse con un beso. Como últimamente, nuestros besos se fundían en algo
más. Pasión. Calor. Amor.
Subí mi mano a su cuello y terminé con el espacio entre ambos.
Más tarde se giró y depositó sus manos en mis rodillas, utilizándolas
como apoyo para alzarse. Yo descansé la mía sobre su hombro y caminamos hasta
las bolsas. Juntos.
Mis dedos notaron su cuerpo temblar, así que la abracé dándole
el calor que necesitaba. Sabía que tenía frío y no lo iba a permitir. Mis brazos la envolvieron, como
un niño que encuentra su mejor regalo, pero con la suficiente delicadeza de no
hacerle daño, de no apretarle si no de rozarla con suavidad pero evitando su
huida.
Busqué entre la toalla y ropa mi móvil, pero no había ninguna
novedad en él.
Iris: ya estoy bien – me giré para verla y comencé a reírme. Mi
camiseta le quedaba ancha por el centro y larga por los lados. Sus mangas
ocultaban sus pequeñas manos.
Harry: ¿pero qué haces? –pregunté sorprendido.
Iris: es que la he visto tirada… y tenía frío – la noté un
poco tímida. Porque siempre roza con los dedos, sus labios finos y seductores
cuando tiene vergüenza de algo.
Y eso me encantaba.
Harry: estás loca – suspiré.
Iris: ¿y qué hay de malo en ello?
Pensé en ello unos segundos, pero tenía razón. ¿Qué había de
malo en ser ella misma? ¿Qué había de malo en sacarme una sonrisa? ¿Qué había
de malo en ser tan irresistible?
Y con estos pensamientos deducí que igual el loco soy yo. Pero
por ella. Siempre por ella.
Iris: voy a mojarme los pies a la orilla, ahora vengo – me avisó
y se fue.
Estiré el brazo para agarrar su bolso y coger prestado sus auriculares.
Le removí todo, pero no los encontré.
“I’m worse at what I do best
And for this gift I feel bleesed”
Todo lo que había dentro comenzó a vibrar y con ello mis
manos.
“I’m worse at what I do best
And for this gift I feel bleesed”
Le saqué todo, dejándolo sobre la arena, hasta que hallé con
que se trataba de su móvil.
Cambié mi rostro radicalmente por unos momentos.
¿Mario? ¿Quién era ese? Iris no me había hablado de él nunca. Igual
es su primo. No sé.
Pero quien sea, debería de ser un poco cansino porque no
dejaba de llamarle. Igual sería algo importante.
Mis ojos se desviaron hace arriba para buscar a Iris e
informarle de que alguien la necesitaba, pero cuando iba a hacer, la llamada
terminó y vinieron otras vibraciones. Ahora se trataba de Whatsapps.
Que yo sé que estas cosas nunca se tienen que hacer, porque la
confianza es lo primero, aunque a veces, todos dudamos de ella.
Deslicé mi dedo sobre la pantalla para desbloquearlo y abrí la
ventana de sus mensajes juntos.
Lo primero que hice fue ver su foto. Tampoco voy a mentir, el
chico no estaba mal, pero no era suficiente para ello, si de eso se trataba.
Subí hasta el principio de sus conversaciones y comencé a
leer.
“Te quiero pequeña, no lo olvides”
Mi pecho parecía una montaña rusa por mi intento de respirar
paulatinamente porque me conocía, y los nervios hacían más grande el nudo que
se estaba formando en mi interior.
Cada vez más.
“en seguida me tienes allí, te quiero mucho”
“te echo de menos, necesito verte”
Y de más…ahí me di cuenta lo que le va costar volver a España
a Iris. Uf, que sufrimiento.
Si según ella lo va a pasar fatal. Flipante.
Siempre soy yo el ingenuo que piensa que todo puede salir
bien, el que ha preparado un día con ella para hacerla sentir especial, porque
para mí es especial. Bueno lo era.
Lo que no voy a permitir es que juegue conmigo. Con Louis pudo
haberle funcionado, lo ha hecho. Pero no conmigo.
Recogí todo a gran velocidad, pues se me habían quitado las
ganas de continuar lo que quedaba de día con ella. El “falso” día con ella.
Iris no se había enterado de nada, seguía feliz en el
bordeando la orilla, siempre al borde. Y algún día caerá.
Conmigo ya ha caído. Que la recoja su novio Mario si quiere.
Mis sentimientos no eran más que impotencia, rabia y frustración.
Mucha. Por no entender por qué me ha mentido.
Bueno, al fin y al cabo, siempre he tenido razón. Ella solo
piensa en esto como una aventurita de verano y ya está. Volverá a España y
tendrá vida con ese Mario o con los que sea. Porque al parecer le gustan mucho
todos.
Harry: ¡eh! – le grité – nos vamos.
Iris: ¿ya? – se extrañó.
Harry: Sí.
Nos metimos en el coche y no le dirigí la palabra. Espero que
tenga explicaciones de algo.
Aunque no hay excusas para lo que mis ojos han leído.
Iris: -se había dado cuenta, por eso habló- jolín Harry ¿nos
teníamos que ir ya? Era tan bonita la calita…
Harry: pues espero que la hayas disfrutado bien, porque es la
última vez que la pisas –le dije tajante.
Iris: ¿qué? ¿Por qué? no hace falta que seas tan borde eh.
Harry: no sé, si de verdad quieres una, dile a Mario que te la
compre. –y pam, se lo solté.
Iris: ¿qué estás diciendo de Mario Harry? Es un amigo.
Harry: pues al parecer no te va a costar mucho volver a España
como decías, todo mentira. Como siempre – mi mirada se clavó en la luna del coche
para no centrarme en la suya. Si no, no podría conducir y sabía que era demasiado
bonita incluso estando enfadado.
Iris: TE ESTOY DICIENDO QUE ES UN AMIGO, además ¿Qué sabes tú
de Mario?
Harry: pues lo que tú te has reservado. Yo de hecho a mis
amigas no les hablo así.
Iris: es que le voy a llamar porque me estás poniendo muy
nerviosa. Él mismo te dirá que no somos nada.
Me callé para que lo hiciese, puso el altavoz…(apagado o fuera
de cobertura, por favor deje su mensaje)
Vaya, que casualidades. Iris saltó para dejarle un mensaje.
“Hola Mario, llámame en cuanto puedas, es importante por favor”
Iris: Esto no va a quedar así Harry. Estás muy equivocado.
Harry: claro que no, esto ya no queda de ninguna manera.
Iris: ¿qué quieres decir?
Sentía un vaivén dentro de mí, pero al parecer ella también. E
incluso en este caso, mi boca no tuvo la fuerza suficiente, para decir lo que
mi cabeza estaba pensando. Así que evité su pregunta.
Aparqué el coche en su puerta y me quedé en silencio,
esperando a que se bajase.
Tenía los ojos llorosos y la noté estresada por mí. Sé que
ella no quería que me sintiese así. Pero yo tampoco quiero. Y las mentiras
tienen un punto y la de ella es más bien un raya.
Iris: ¿no me vas a dar un beso?
Harry: Sí quieres uno, te esperas dos semanas y Mario te lo
dará.
Iris: Adiós Harry – abrió la puerta de su costado y la cerró
apenada y decepcionada.
Pero para eso ya estaba yo.
No moví mi coche. Me quedé ahí un rato pensando en todo,
perdiendo la mirada en la calle
vacía en la que me encontraba.
Estuve un rato dando vueltas en la oscuridad del barrio con
este porque, a veces, eso ayuda a pensar y para estar solo en casa, mejor
acompañado de la depresiva zona por donde divagaba. Finalmente, después de varias
reflexiones y confusiones, recordando todos los perfectos momentos que habíamos
tenido hoy
Llegué a la conclusión de llamarla, porque me había sabido mal
haberla dejado así, pero también se lo merecía. No podría hacerse ni idea de cómo
me estaba sintiendo yo .Y si quiero explicaciones, al menos tendré que
pedírselas.
Me quedé en un descampado cercano a su casa. Gracias a las
luces de las farolas, encontré mi móvil por el asiento y busqué su número. Me llevó unos minutos, con
cada uno de sus números delante de mí, decidir si hacerlo o no. Y con la duda,
por fin, abrí la llamada.
Un tono…
Dos tonos…
Tres tonos…
Cuatro tonos…
…
Iris: ¿MARIO?
Solo me bastó eso para indicar el fin de la conversación.
Colgué por la rabia, sintiéndome pésimo y tonto.
Sintiéndome solo.
UEEEE, ahora subo cada semana jajaja
Bueno, como siempre, espero que os guste. Y muchas gracias a
todas las que la leéis, que sin vosotras en más de alguna ocasión, hubiese
abandonado la novela o la hubiese borrado.
Pero siempre ha habido alguien que te ha vuelto a motivar. Así
que gracias chicas.
Un saludo enorme.





